El Silencio es el Verdadero Lenguaje de las Almas

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viernes, 23 de diciembre de 2016

Cada 23 de Diciembre

Es curioso cómo pasa el tiempo y cómo los recuerdos se quedan con nosotros. Hoy, 23 de Diciembre es un día especial, me gusta recordar lo que significó para mi, lo que pudo significar para él en aquel momento; pero ante todo, el salto al vacío que supuso para mi y del cual no me arrepiento ni un solo día de ello.

Quizás mirando desde otro punto de vista no fue para tanto, quizás simplemente fue un cruce de caminos, hacia otro mejor, pero para mi fue especial, fue único. Y ahora alejados en el tiempo, distancia y vivencias, aunque no en mensajes... me gusta saber que existió, que apareció, que me despertó y que hoy en día, sigo recordándolo con una sonrisa, a pesar de todo lo pasado.

Quizás no lo recuerde, aunque es más un "no sé de qué me hablas", le conozco demasiado bien, pero cada 23 de Diciembre seguiré mirando el calendario, seguiré sonriendo al pensar en él, y agradeceré que ese día, aquella noche de luna llena, su mirada se cruzara con la mía, que ese instante nos descubriera, y sin más, lo cambiara todo...

Hay personas que vienen y van de tu vida, se quedarán más o menos tiempo, dejarán más o menos huella, pero sin duda, si el destino lo ha decidido esa huella será para siempre.

P.D.: Con las personas no existen las casualidades, simplemente el Destino.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Ausencia

A-u-s-e-n-c-i-a. Así comenzó escribiendo en aquel lienzo en blanco, meditando cada letra conforme la escribía, sencilla aparentemente, pero terrible en significado... 

Qué nos lleva a sentir ese clamoroso vacío del no estar, del no verle, del no hablarle, del no sonreírle, en definitiva, de no sentirle. Quizás es un poco exagerado, pero hay personas que nos dejan huella, que se van haciendo un hueco especial en nosotros, y el hecho de que ya no estén nos deja desolados, vacíos y desamparados ante un nuevo rumbo, ante un después de...

Es curioso, hace unos meses ni me lo habría planteado, andaba sumergida en un estado de vivir y listo; pero tuvo que aparecer, como me dijeron, en el momento que tenía que ser, para mi claro. Porque me cambió, me despertó y me hizo disfrutar de nuevo de cosas que había encerrado en ese cajón olvidado del alma que te hace VIVIR de verdad.

Por tanto, ahora que no está, que su ausencia se hace larga como la sombra de los árboles en otoño, que correría a contarle cosas de mi día a día, que le escribiría relatos sobre un mundo lleno de ilusión y esperanza, ahora... Ahora tengo que guardarle en ese rinconcito especial, para sonreír al pensarle, para sentir tristeza al saber que no está, pero ante todo, para saborear cada momento en el cual me enseñó algo, se abrió camino en mi, me despertó y me hizo soñar; al fin y al cabo, disfruté de él...Y eso es eternidad.

Hay personas que la ausencia no puede borrar, y menos mal.

P.D.: Sí, a veces no me lo callo... Lo que te echo de menos.

lunes, 24 de octubre de 2016

Mea Culpa

Tal cual. Hay días que me levanto como si sufriera una fusión nuclear en mis adentros. Ya sea por no dormir bien, que también, por estrés, un rato largo, por mil calentamientos de cabeza que lleve, psss o las "benditas" hormonas! El caso es que ese día "muerdo", y no es que lo haga queriendo, es que me sale el lado sincero y tocapelotillas, y me metería en una burbuja.

No todo es malo, porque en ese lado sincero, digo lo que siento, y me da igual que se piense que debería estar calladita, que se está más guapa, o que quizás se está fuera de lugar. Francamente, lo que no se dice al final se enquista, o cuando lo dices es demasiado tarde. Así que si me sale decir un Te quiero, o un simple "Te quiero ver sonreír", hoy es el día perfecto para oírlo de mi boca, porque será tan real como el sol que hace hoy aquí, más que nada, porque normalmente, me costaría horrores decirlo, y porque no lo digo sin sentirlo. Cosas del caparazón :) Cosas del "Me lo guardo".

Tocapelotas... Brusca, criticona si algo no me gusta, y más si tengo razón uffff, y sobre todo, ausente. En mi mundo interior, en mis letras, en mi música, o simplemente, en las nubes.

Así que sí, Mea culpa, soy rara.

P.D.: Lo siento. Es lo que hay.

viernes, 21 de octubre de 2016

Lluvia

En forma de pequeñas gotitas que se posan en la piel como una caricia. Sin duda, la melodía de la naturaleza. Ya sea en forma de cortina o como calderos lanzados al viento. La lluvia forma parte de mi, es de los fenómenos que más me entusiasman, incluso cuando va acompañada de relámpagos y truenos, ahí es sublime. En mis relatos casi siempre aparece la lluvia, da igual en qué forma, está, acompañando a los personajes, siendo el hilo conductor que los une, o simplemente, enmarcando la historia. Me gusta que sea así, puede dar un aire de tristeza, melancolía, o por el contrario, servir de bso de un beso, una caricia, o de cada una de las embestidas envueltas en deseo. Es único lo que la lluvia puede llegar a hacernos, influirnos.

Llevamos días acompañados de la lluvia, unas veces suave, otras enfurecida, y aunque para algunas personas pueda resultar engorroso y triste la ausencia de sol, para mi es pura inspiración. Cada gota, cada charco, cada parterre rebosante de agua puede ser el inicio de una historia; incluso los cristales empañados de vaho del coche, o la ventana desde la que veo llover, pueden ser ese clic que hace que la mente se vaya, se pierda entre mil pensamientos y sin más, fluya una nueva vida, una nueva historia.

Quizás mañana salga el sol, y el rumbo de los personajes cambie, pero en este momento, hay dos personas pisando charcos, cruzando miradas, y yo, quiero saber hasta dónde les lleva un día de lluvia.

Verdad?

martes, 18 de octubre de 2016

Mudanza

La lluvia acariciaba el cristal del gran ventanal, el día había amanecido gris, oscurecido por las primeras lluvias de otoño, pero con toda la belleza que sólo esos matices eran capaces de proporcionar. Dentro, el calor de la chimenea encendida calmaba el frío de las desnudas paredes, maquilladas de blanco en un intento por ocultar las cicatrices de vidas pasadas.
El suelo era un universo de cajas, paquetes, maletas y mil trastos que se perdían por las habitaciones, en unas apiladas, en otras a medio colocar, pero sin duda todos aquellos objetos deseosos de encontrar su lugar en su nuevo hogar.
Ella, sentada sobre una gran alfombra blanca, imaginaba cómo quedaría el salón, con el sofá que traerían en unos días, los dos butacones azules que aún estaban atrapados en su acolchada protección, las estanterías repletas de libros flanqueando la chimenea de piedra, los cuadros que vestirían las paredes, la lámpara que definiría su lugar favorito del salón, y hasta las plantas que pondría junto a las ventanas o los tulipanes que plantaría en los parterres de la terraza. Todo. Todo iba surgiendo en su mente como fugaces estrellas; había llegado su momento, alejada de mundo, con añoranza, pero con la fuerza necesaria para afrontar el futuro.
La mañana iba pasando despacio, pero poco a poco, cada libro, objeto o vaso encontraba su lugar. Así llegó la hora de comer, cogió el abrigo, un gorro rosa, se sumergió en sus botas de agua y se lanzó a la calle, llena de charcos, de coches enloquecidos por el desconcierto que crean cuatro gotas, y de personas, los nuevos figurantes de su historia. A pocas calles de su refugio, una pequeña cafetería asomaba entre los escaparates de telefonía y una floristería, sonrió. Se acomodó frente a la ventana, para seguir disfrutando de la estampa otoñal que le ofrecía el día, observando a los que entraban y salían, riendo con el día a día en su "TL" de Twitter, los mensajes de su hermana que ya la echaba de menos, y eso que acababa de irse, comenzó a saborear el Moca con leche de almendras que tan delicadamente le habían preparado.
Le leyó, como cada día, aunque llevaba varios en los cuales no había podido hacerlo como le gustaba, tranquilamente, releyendo, rebatiendo cosas que ni ella a veces entendía, buscar la respuesta y volver a empezar, le encantaba. En aquel instante le habló, de todo lo que estaba haciendo, de lo que había leído, y en general, de todo y nada, como ella hacía, hasta adentrarse en el silencio de quien ha consumido su ración diaria.
Al volver a casa, pensaba en lo curioso de las cosas, en cómo pequeñas pinceladas en forma de personas, nos iban marcando, dejando huella y haciéndonos felices, aunque fuera a kilómetros de distancia, o a dos paradas de metro. Todo había cambiado, la forma en la que la gente se relacionaba, el cómo se conocían, o cómo se podían crear "vínculos" entre personas que nunca se llegarían a conocer. "Este mundo loco" se decía para sí, y entre risas, "rt" y "me gusta", fue recorriendo los últimos metros hasta su portal, ahora acompañada por pequeñas suculentas, que pondría en la repisa de la ventana, y una orquídea rosa para la mesa del comedor, esa, que todavía no había comprado.
Llaves al suelo, botas fuera y portazo, sin duda, ya era su casa. Plantas en su sitio, flor en la mesa de las llaves, esa que poco usaría para las llaves, abrigo sobre el radiador de la ventana y silencio, un profundo y cálido silencio, sólo roto por una gota de agua que caía del canalón y el resto de su ropa al chocar contra el suelo.
La lluvia había dado paso a unas nubes naranjas y un tímido sol que asomaba en un último suspiro entre los edificios. De repente, "clof", la luz verde se encendió en el móvil, "clof" de nuevo, la duda afloró, esa luz y ese sonido podía ser de mil sitios...

"Café, té, un paseo por los charcos más famosos de la ciudad ;)"

Una sonrisa invadió su cara, en ese instante, iluminaba más que el sol de aquella tarde. Le respondió y de un salto se vistió, el portazo resonó en toda la escalera, ya no había marcha atrás. Recorrió las calles hasta donde le dijo, allí, junto a una farola estaba él, sonriendo con sus ojos, observándola con curiosidad, como quien descubre una aguja en un pajar, y entre suspiros intentando recobrar el aliento tras la carrera, le dijo:

- Primero los charcos, después... toda la vida.


lunes, 17 de octubre de 2016

Instantes

Ese segundo en el cual te quedas en blanco, tu mente no reacciona, tus músculos se paralizan, tus ojos se pierden, y ni siquiera eres capaz de oír. Ese instante en el cual una Luz te encandila en los ojos, tu respiración salta el abismo, tu cerebro siente la descarga, tu corazón se colapsa. Ese soplo en el cual sonríes, sin miedo, descubriéndole, deteniéndote en sus matices, respirando, latiendo... Sintiendo esa vida en la cual se marca el principio y el fin, como en un libro cuando termina un cuento, y de repente, se inicia uno totalmente nuevo; esa vida que vuelve a ser tu protagonista, sí, la tuya, donde esa mirada y esa caricia, te han despertado del sueño. Y donde sin quererlo, has vuelto a florecer como los cerezos...

P.D.: Instantes que ojalá fueran eternos.

jueves, 13 de octubre de 2016

Sesenta y cinco


Aquel día había sido extraño, sin beso al despertar, sin azote al salir de la ducha, sin un "te quiero" al cerrar la puerta; a veces, no nos damos cuenta de lo fugaces que somos y que en realidad, estamos hechos de instantes. Aquella tarde, se notaba que me buscabas, y yo necesitaba que me encontraras.

La lluvia resbalaba ligera por las ventanas, mientras, tus dedos comenzaban a explorar mi cuerpo... Despacio, sin prisa, grabando cada centímetro en tu mente, disfrutando del paseo, ese que comenzaba en mis pies y terminaba en tu boca. Cada lunar sellado con un beso de descubrimiento, ese, ese beso que anunciaba fuego. Sonreías malicioso, te encantaba ese juego, y yo disfrutaba siendo tu lienzo. Cada centímetro una conquista, un bocado, el gris borrado, un "te necesito a mi lado", un suspiro enmarañado en deseos, un "te he echado de menos". Y así, caminos de lava iban recorriendo mi cuerpo, esos que tu lengua entrelazaba en mi sexo, esos con los que mi piel reclamaba tu cuerpo.

Beso a beso, susurrándote deseos; mirada a mirada, descubriéndonos de nuevo; caricia a caricia, reescribiendo nuestros cuerpos.

Aquella tarde, andaba buscándote. Aquella tarde, anhelabas encontrarme.

P.D.: Que cada día extraño se convierta en el mejor. Es lo Subjetivo del Amor.