El Silencio es el Verdadero Lenguaje de las Almas

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sábado, 3 de marzo de 2012

Cuarenta y cinco

La lluvia bañaba las calles, limpiando a su paso, borrando los recuerdos... Sus ojos se perdían en la lluvia, entre los tejados, entre la gente que se protegía de ella, entre los recuerdos que intentaba llevarse el agua, entre esas nubes negras, que solo decían una cosa... Acabo de llegar... Esa mirada perdida en la nada, en los días donde solo existía la felicidad, en los días donde el dolor solo era una excusa para abrazarse más fuerte, para amarse sin más... Las lágrimas corrían libres por sus mejillas, sin miedo, dando paz a su alma junto con cada suspiro ahogado en el cristal de la ventana, preso de su amargura, de su ausencia, pero liberado de su oscura alma... Cada pensamiento volvía una y otra a vez a su punto de partida, a su razón de ser, a él... A sus días de luz, a sus días de sonrisas porque sí, a sus tardes paseando sin rumbo pero juntos, a sus noches de besos, suspiros de placer y gemidos de amor... A las razones que día tras día y noche tras noche, la empujaban a volver a perder su mirada en la oscuridad de la noche, en una cama vacía y unas sábanas que recordaban su aroma... En una casa, en una piel, en un cabello, en cada lunar de su cuerpo, en cada pensamiento que llevaba grabado su nombre a fuego... Un largo suspiro nació de sus labios... Su piel se erizó... Sus pupilas se dilataron... Una caricia paró el tiempo, un beso detuvo su respiración... "Te echaba de menos..." Sus corazones latieron a la vez...

P.D.: Sentirte cerca, tenerte cerca... La mecánica de mi corazón

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