El Silencio es el Verdadero Lenguaje de las Almas

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viernes, 16 de septiembre de 2016

Sus Ojos IX


Azules, sin duda, eran azules... Aunque fuera un adicto a los filtros, a los encuadres imposibles, o simplemente, a su intimidad. Eran azules, del azul del océano, del azul del cielo en un día de verano, del azul de esa orquídea imposible, o del azul del Mediterráneo, como a mí me gustaba llamarlo.
Ese azul que transmitía intensidad, una mirada quizás atormentada por un pasado que pesaba como una losa, o simplemente, porque su mirada estaba a la altura de sus palabras.
Lanzaba versos al viento en un intento de disolver los recuerdos, esos que a veces, nos hacen tragar saliva y achicar la mirada. Versos creados en un laberinto de sentimientos encontrados, de anhelos en construcción, de un enamorado de las fórmulas, de un hombre que sin esperarlo, era poeta sin creerlo.
Leía cada verso, cada vestigio de un recuerdo, reconozco que me costaba conocerlo, reconozco que me suponía un reto, pero poco a poco, esa mirada que parecía diluida en un mar revuelto fue tornando nítida, fuerte, expresiva, en cada hilo que susurraban sus dedos, quizás en un intento de quien necesita respirar profundo para soltar lastre... O quizás, por el gusto que da que te digan que eres bueno, cosas del ego...
Yo prefería pensar que eran cosas de una conspiración de su alma, que un día era luz, con su ingenio y maestría, y al siguiente, era una resplandeciente oscuridad, que jugaba con las palabras, que sin más, intentaba ser todo. Ser nada.
Divagando un día esa mirada reservada, me confesó que le gustaba el silencio, ese que no es soledad, sino simplemente refugio, consuelo, arropado por una buena Ópera, por el mar embravecido... O como me dí cuenta con el tiempo, tan solo para disfrutar del camino.

Así eran sus ojos. Así le veían los míos... Tan solo era el comienzo, del Azul en mi camino.

P.D.: Hay vértigos que merece la pena vivirlos.

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